Clubes de Barrio

Clubes de Barrio

¿Qué hacemos con los que no tienen nada?

El drama de aquellos que no tienen ni espalda ni papeles para recibir ayuda por parte del estado.

Por: Ezequiel Juaristi
25 de octubre de 2020

Los días pasan y los clubes se sumergen entre crisis terminales, esperanzas sin sustento, promesas incumplidas y palabras de aliento.

Nada nuevo bajo el sol, ya que antes de la asunción de Alberto Fernández y Matías Lammens (Ministro de Turismo y Deportes) el momento era más o menos parecido, claro que llegó la pandemia y con eso el cierre total de las instalaciones, pero más allá de ésto, lo que se huele en el ambiente es un sálvese quien pueda literal.

Y cuando hablamos de clubes hablamos de los que no tienen nada.

Esos que cuentan las monedas y les corre un escalofrío cuando llega una factura. Esos que tienen que hacer sorteos, rifas, vender comida y cientos de otras actividades para recaudar algo que les posibilite patear la pelota un mes más.

Hoy los clubes sin papeles no solo no tienen el acompañamiento por parte del estado en subsidios, sino que tampoco lo tienen con relación a como salir del pozo en el que se encuentran en materia burocrática.

Esos clubes, mayoritariamente, no los pueden regularizar por falta de dinero, de conocimientos o de una historia en la que sus dirigentes ni siquiera saben donde están los libros.

Hoy el estado, salvo algún que otro municipio o provincia -son las excepciones- dejó de lado a los clubes.

Hoy a ocho meses del inicio del Aislamiento y cerrar sus puertas ya no saben a quien pedirle.

Como siempre, solo se habla del inicio del fútbol. Del automovilismo. De tal o cual deporte.

Los clubes no piden abrir sus puertas, piden que se les dé algo en un momento de extremo cuidado y sabiendo que en sus instalaciones los riesgos de contagio son mayores que en cualquier otro lado.

Saben también que los protocolos enviados por nación en muchas instituciones es impracticable, por falta de espacio, de elementos o de insumos como alcohol en gel o alguna que otra señalización necesaria para evitar las aglomeraciones.

Dentro de esas necesidades también se incluye el hacia donde irá el deporte. Que marco organizativo tendrá. Como se afrontará el día después de la pandemia. Si serán centrales en la política deportiva o no. Mostrarle previsibilidad. Enseñarle que camino tendrán por delante.

Los medios de comunicación que cuando no tenían noticias resaltaron su rol social y se les caia la baba por mostrar la reconversión de los clubes en verdulerias-hospitales de campaña o centros de vacunación- hoy con la vuelta del "show" solo cubren las noticias de la Copa Libertadores o si Tinelli y Tapia se metieron en algún nuevo lio.

Romper la matriz también es ir contra todo eso. Ser revolucionario en política deportiva hoy es una necesidad. Porque la comunidad deportiva que votó por este frente también lo votó porque pensaba que el deporte necesitaba un cambio radical.

Darle espacio a los que menos tienen. Darle apoyo a los que la pasaron fulera durante cuatro años. Que esa sea la prioridad. Que esa sea la primer necesidad a cubrir.

Hoy de eso no se habla. No se habla de revolución deportiva. No se habla de deportes o de a donde irá el deporte.

Hoy los clubes, los que no tienen nada, nuevamente están solos.

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